
Viajes
Israel y Jordania
¡Ya estoy aquí! Y sí… ¡lo que os traigo será un plato fuerte!
Todo un menú, que seguro disfrutaréis tanto como yo.
¡Os encantará! En serio. He ido contestando a trompicones de internet, a todos los que me habéis mandado esos mensajes y correos tan cariñosos, interesándoos por mí. ¡Os lo agradezco de corazón! ¡Va por todas mis cocineras preferidas, las que me tenéis preparado un puñao de delantales!
Aiii qué dolor… ¡me empujáis a la cocina…!
¡Irremediablemente me veréis entre fogones ya mismo! ¡Muchísimas gracias a todos!
Me perdonáis tantos meses de ausencia. Tengo que cambiar el cableado telefónico que está fatal y la verdad que me resisto al lío que conlleva, a pesar del hartazgo de cortes.
Además que no he parado entre viajes, bodas y poner al día mi casa, que después de 2 meses y medio sin aparecer por Sevilla… imaginaros. Y como una no es exagerá ni ná, me falta tiempo para pegar un respiro. No tengo cuerpo como para meterme en la cocina, ¡ni hablar!, lo justillo para sobrevivir.
Me conocéis de sobras. Mis tragones echan de menos el año y medio de buen comer…
¡Voy al turrón! Lo prometido ya está aquí.
Os dejo unas «poquitas» fotos del maravilloso viaje que hicimos en julio (entre las 3.000 que hicieron mis hijos). Son muchas, pero es que han sido muchísimos sitios interesantes.
En algunas dejaré alguna reseña y espero no enrollarme demasiado, pues fue precioso, interesantísimo, alucinante, ¡todo, todo!
Seáis creyentes o no, seguro os interesará este viaje.
Por nuestra parte, que efectivamente lo somos, nos ha supuesto una vivencia entrañable, una peregrinación emocionante e intensa. Aunque no todo fue peregrinar, ya lo veréis más abajo.
Tenemos que agradecer de corazón a Monseñor Clemente Martín su dedicación diaria, siempre pendiente de todos, sus valiosas y detalladas explicaciones y reseñas bíblicas, según el lugar visitado, a lo largo de todo el viaje, que invitaba «in situ» a un mayor acercamiento a Jesús.
Volveremos a repetir este viaje. ¡Seguro!
¡Muchas gracias, Clemente!
También nuestro agradecimiento a todos los magníficos guías que nos han explicado y comentado allá por donde pasábamos.
Antes comentaré lo del miedo y tal por los conflictos que a veces hay allí, que algunos me habéis preguntado. Más que miedo he pasado pánico, un pánico atroz, terrible… ¡en los aviones!
Nada más que en los viajes en avión, ya está.
Una, que además de la cocina, es histericona perdía cuando algo se eleva un palmo del suelo.
En aquellos países… miedo ná de ná, solo algún inconveniente sin importancia.
En general, tener precaución en todo el viaje, y organizar bien algunas cosillas para llevar.
¡De verdad!
Recorrimos Israel de norte al centro, así como Jordania, de norte a sur.
Merece la pena que pinchéis dentro de las fotos, para verlas mejor.
Las ciudades encabezan en color rojo las fotos de las visitas en cada una.
Colgad vuestros delantales y sentaros cómodamente, merece la pena este viaje a través del tiempo.
Este es el menú, lo más completo posible:
Israel.
Tel-Aviv a las 5:30 de la madrugada, al poco de aterrizar allí. Una vista preciosa de la capital al amanecer, visto desde Jaffa:

Cesarea, ciudad romana.


Haifa: vista de la ciudad:


Iglesia de San Elías, construida sobre la cueva donde estuvo San Elías.

Nazaret:

Iglesia de la Anunciación:

Aclararé que en todo lugar donde estuvieron o vivieron Jesús, María, José, los Apóstoles, etc., hay construida una Iglesia o Capilla sobre dichos lugares.
Muchas han sido destruidas a lo largo de la historia, y vuelto a construir de nuevo (algunas incluso, varias veces), de ahí que algunas sean relativamente modernas o recientes, construidas sobre las ruinas anteriores, como es en este caso, donde se encuentra la cueva donde tuvo lugar la Anunciación, que está rodeada por restos de una antigua Iglesia destruida, y a su vez vuelto a construir sobre todo ello una Iglesia mucho mayor y moderna, que es la actual.
Junto a las columnas de la izquierda, al pie, se encuentra la cueva.

Cueva en el interior de la Iglesia de la Anunciación, lugar donde el Arcángel San Gabriel se apareció a la Virgen María:

Junto a la cueva de la Anunciación, en el exterior de la Iglesia y parcialmente cubierta, se encuentra la casa de San José, la carpintería y vivienda, que también es una cueva.
Únicamente unos pocos con dinero, vivían en construcciones. Era muy normal que el resto de personas viviesen en cuevas o grutas excavadas en roca.

Plano del interior cueva y carpintería:

Interior cueva:

Ha Goshrim, en los Altos del Golán, cascada del río Jordán. Aquí fuimos bautizados de nuevo por Monseñor Clemente.

Santa Misa a orillas del río Jordán:

Cesarea Philipus, en Banias. Altos del Golán.
Blanca y yo en la ciudad romana construida en piedra y templos esculpidos en la roca.

Iglesia de las Bienaventuranzas. Al pie del Mar de Galilea. Se encuentra muy cerca de Cafarnaún.

Cafarnaún. Entrada a las ruinas de la ciudad.
Se me ocurre una pregunta, que más abajo hay otras más…:
Si Jesús nació en Belén, vivió prácticamente toda su vida en Cafarnaún y murió en Jerusalén, ¿por qué se le llama Jesús de Nazaret?
¡Venga! A ver quién se lo sabe. No es difícil adivinarlo y hay pistas.

Ruinas de la ciudad, a orillas del Lago Tiberiades:

Ruinas de la Sinagoga de Cafarnaún:

Casa de San Pedro. Rodeada por restos de una construcción posterior, una Iglesia bizantina (?) de planta octogonal y a su vez, otra Iglesia y a su vez otra Iglesia más, que es la que vemos justo encima de dichas construcciones y que «flota» sobre las ruinas:

Casa de San Pedro vista desde la vitrina que hay en el suelo de la Iglesia:

Interior de la Iglesia que hay sobre las ruinas con la vitrina que hay en el centro de la misma.

Mar de Galilea desde Cafarnaún. Justo enfrente, al otro lado del lago, la ciudad de Tiberias, a la que llegamos en una barca. Había bastante viento y el mar picado, algo que agradecimos por los remojones de un puñao de olas que entraban en la barcaza.

Mensa Christi. Iglesia construida sobre la roca que utilizaban como mesa Jesús y los pescadores.
Quién lo sabe: ¿qué significado tienen las 5 cruces que aparecen dibujadas o esculpidas?

Canaa. Iglesia construida sobre los restos arqueológicos del local de las Bodas de Canaa.

Interior del lugar donde se celebraron las bodas de Canaa. Se conservan en perfecto estado las vasijas y demás utensilios del local de la época.

Interior de la Iglesia construida sobre dichas ruinas. Monseñor Clemente volvió a casarnos a todos los matrimonios en esta Iglesia, pareja por pareja, y como testigos, nuestros hijos.
Una ceremonia entrañable y divertida.

Jordania.
Jerash. Entrada a la ciudad.

Una de las ruinas de la ciudad romana:

Teatro romano, con una acústica perfecta, desde el primer peldaño al más elevado.

Andrea, mi marido y yo paseando por esa preciosa ciudad romana, a pesar del calorazo asfixiante que rondaba los 50ºC, yo con una camisetita sin mangas… quemazos en hombros y cuello. Primera insolación. ¡Os garantizo que compensaba totalmente!

Una ciudad impresionante, extensísima, ¡y lo que aún queda por desenterrar!

Una vista del resto de Jerash, desde la ciudad romana:

Una calzada romana:

Andrea junto a uno de los edificios que mejor se conservan. Ahí… ahí… a lo Indiana Jones pero mucho más guapa, rompiendo moldes, ¿a que sí?

Un niño colocando a Juanma el kefia, que tiene su truquillo, ¡no creáis!

¡Muchas gracias, chaval!

¡Pero qué guapo es mi niño! Además de simpático, que con esa sonrisa cautivadora que tiene, derrite más que este sol abrasador:

Sigo, que me puede la pasión de mami.
Seguimos en Jordania.
Monte Nebo. Se sabe con cierta seguridad que Moisés (y creo que Aarón también) se enterró en este monte. El lugar exacto no se sabe, el secreto se ocultó en su momento para quizás evitar el peregrinaje a su tumba.
Desde aquí, Moisés contempló la Tierra Prometida por Dios, después de su viaje durante 40 años por el desierto, guiando al pueblo de Israel, y que él nunca llegaría a pisar.
Vistas desde el monte Nebo, con un plano indicando la distancia desde allí a varias ciudades de Israel.

Al fondo se puede ver el Mar Muerto e Israel.
Una preciosa vista del valle del río Jordán, ¿verdad, Juanma?

Restos de los mosaicos de una Iglesia erigida en memoria de Moisés.

Viaje nocturno por el desierto de Jordania, camino de Petra.

Un alto en el camino para estirar piernas y tomar unos refrescos:

Un viaje muy largo en autobús, hacia el sur de Jordania. Llegamos tarde en la noche.
Petra.
Al día siguiente… ¡qué maravilla! ¡Espectacular!
Estas son las vistas desde mi habitación del hotel: las colinas de Petra. ¡Asombroso!

Aquí empieza el recorrido hacia la antigua ciudad de Petra:

Cotilleando cuevas y senderos laterales, no pude remediar escaparme… me apasiona.

Los taxis de Petra, que tuvimos que coger más tarde, de vuelta al hotel:

Blanca, Juanma y yo a la entrada del desfiladero:

Un largo desfiladero, que en la peli «Indiana Jones y la última cruzada» parece un paso muy cortito. De eso nada, ya veréis ya…

Una pareja de guardias a caballo cruzando el desfiladero:

Uno de tantos recodos del desfiladero de aproximadamente 2 kilómetros de longitud:

Nuestro querido Clemente con Andrea y Juanma, durante un descansito:

Esto es lo que deja pasar el sol entre las altas paredes de roca:

Hay varias zonas de piedra tallada, hornacinas y pequeños altares como este:

Más desfiladero. Se observa una excavación en la roca, a modo de canal que recorre todo el trayecto, por donde circulaba el agua que abastecía la ciudad de Petra:

Detalle de unas figuras talladas en las paredes de roca, bueno, lo que queda de ellas.
Os juro que hay 2 camellos y un soldado (?):

Ya se divisa algo entre las paredes de roca, ¿verdad?

Avanzando un poco más, ¡qué emocionante!:

Y… la maravilla más representativa de Petra: el Templo del Tesoro, que se creía que contenía oro.

Ahí está el cofre, en lo alto del Templo:

Detalle del recipiente que se suponía contenía un tesoro. Así que… a lo largo de la historia… ¡a pegarle tiros para romperlo! Hasta que se dieron cuenta de que aquello solo era piedra.

Voy a desmontar lo que visteis en la película Indiana Jones y la última Cruzada, sobre el interior del Templo del Tesoro.
Efectivamente, de cueva enorme con foso de ascuas incluido y lleno de pasadizos y tal y tal… ¡de eso nada!
Este es el aspecto interior del Templo, foto tomada a pie de la entrada, una habitación preciosa excavada en la roca de franjas rojizas. ¡Impresionante!

El guardián del Templo colocando el kefia a Juanma, que nunca aprendió a colocárselo bien…

¡Ea! ¡Tal pa cual!

¡A cuál más precioso!:

Aquí, ¡dos monumentos maravillosos!:

Un estupendo grupo, todos encantadores, la verdad, lo pasamos magníficamente con todos ellos:

Por este resquicio entre rocas de gran altura salimos al recinto donde se encuentra el Templo (justo enfrente) y donde comienza la ciudad de Petra:

Me encanta esta entrañable foto que sigue, por varios motivos.
El Caballero de Yuste más joven (Juanma, de 18 años) cogido del brazo con nuestra querida Etelvina, la Dama de Yuste más veterana (una joven de 94 añitos), que nos dio más de una lección de fuerza interior, ánimo, tesón y actividad asombrosa, además de poseer una mente privilegiada con una memoria de elefante. Una vida intensa.
Unas 3 generaciones les separan y unas edades que les unen más de lo que creemos. ¡Admirable Etelvina!

Ayer, 2 de enero de 2015, Etelvina nos ha dejado para reunirse con su Antonio.
En 3 meses cumpliría los 100 añitos.
Sentimos profundamente su ausencia, pero por otro lado sé bien que está donde más anhelaba, con su querido marido.
Ahora recuerdo una conversación que tuve con ella en el apeadero del teleférico de Masada (ver más abajo), que quizás marcó mi vida para siempre.
Nos sentamos a la sombra para charlar mientras tomábamos un refresco. Me enseñó unas fotos familiares de las que no se separaba ni un segundo. En la foto de arriba se ve bien su bolsa negra donde guardaba sus recuerdos, sus fotos con su querido Antonio, que siempre cargaba a todos lados, y que no consentía que nadie se la sujetase, ni para subir o bajar del bus.
Hablaba de él con admiración, apasionadamente. Un relato interesante lleno de emociones y anécdotas. Yo la escuchaba con mucha atención, pues era entrañable, amena y muy divertida.
A pesar de tantos dolores físicos como tenía, siempre sonreía, siempre estaba de buen humor.
Le pregunté: Etelvina, ¿por qué no toma algún calmante?
Su respuesta fue rotunda, con esa seguridad que le caracterizaba: Yo solo tomo unas vitaminas y mis dolores se los ofrezco a Dios.
Esta respuesta la he tenido presente desde entonces. Un ejemplo a seguir. Sin duda.
Siguió contándome: Además, mi Antonio, un rato antes de fallecer en mis brazos, me hizo prometerle que seguiría viajando como cuando estábamos juntos, que viajamos muchísimas veces. Y aquí estoy. Con lo achacosa que estoy sigo apuntándome a todos los viajes.
Efectivamente, al año siguiente vino también a Egipto.
Ya cuando caminábamos hacia el teleférico, se agarró a mi brazo y me dijo:
Aiii, ¿sabes? ¡Cuántas ganas tengo de ver a mi Antonio! Soy demasiado vieja y la verdad ya quiero estar con mi Antonio.
Le respondí: ¡Anda ya, Etelvina! ¡Y lo contento que estará su Antonio viendo cuánto viaja, y lo que disfruta y que está cumpliendo su promesa! Ahora mismo estará muy satisfecho viéndola aquí.
Y ella insistió más enérgicamente y con una lógica aplastante: sí… sí… él quería que yo viajase todo lo que pudiese, pero ya me quiero ir con él, quiero ver a mi Antonio, ¡pero es que Dios no me llama!
Aquello me descolocó por completo, pero pude insistirle: Ande, Etelvina, no diga más eso, si Dios no le ha llamado es porque usted tiene aún mucho que dar y que enseñarnos a todos, y porque quiere que disfrute de esta vida. ¡Y yo me alegro de que aún no le haya llamado!
Dentro de 6 años verá cómo vamos a celebrar su cumpleaños… ¡por todo lo alto!
Y se reía mientras me decía: ¡que no!, que no quiero llegar tan lejos. ¡Pero qué cosas tienes!
Y no ha podido ser.
Si algo me consuela la tristeza de esta noticia, es tener presente que ya está con su querido Antonio. Lo que más quería.
¡Hasta siempre, Etelvina! Yo también espero verla en el futuro.
Agradezco a Dios haber conocido a Etelvina. Aprendí de ella muchas cosas, todas entrañables, interesantes, en cualquier caso, muy valiosas, lecciones de la vida que procuro tener muy presentes.
Casas excavadas en la rojiza roca de Petra:

Andrea y yo asomadas por una ventana de una habitación preciosa:

Andrea y Fátima, la encargada de los servicios. Una chica encantadora.

Visita obligada: los servicios. No tanto por la obvia necesidad, como por admirar la maravilla de paredes y techo donde están ubicados los servicios:

¡Y pensar que me daba miedo acercarme a este soldado tan simpático…!

Un detalle que me asombraba y al mismo tiempo me agobiaba: ¡cuánta ropa y qué tapados iban la mayoría de la gente! No me explicaba cómo podían aguantar tantísimos grados al sol con todos esos ropajes encima. Hasta los chavales que arreaban los burros llevaban chándales negros de mangas largas, incluso turbantes.
Después de caminar por Petra, de un extremo a otro, y subir una cuestecita de este desierto, al fin llegamos a algo de sombra entre tanta calorina asfixiante.
Santa Misa oficiada por Monseñor Clemente, en el interior de estas preciosas ruinas de un templo. El kefia de Juanma vino de perlas como mantelito del altar:

Y este es un Monasterio situado en la zona más alta de Petra, después de subir unos 1.000 escalones. Foto que hizo Juanma, uno de los pocos que subieron allí.
No, yo no fui, me fue imposible después de comer y por la elevadísima temperatura que ya me afectaba demasiado, con riesgo de padecer alucinaciones y como para arriesgarme en semejante subida a pie y a pleno sol.
Y eso que aún no sabía lo que me esperaba… mi segunda insolación y congestión al llegar al hotel. Terrible.

Nada más dejar a Juanma con el resto de jóvenes que subieron al Monasterio, el resto, alquilamos un burrito para cada uno, que nos trasladó (entre sustos y gritos que pegué y sin la menor vergüenza, ¡oye!) hasta el Templo del Tesoro, allí contratamos un magnífico taxi que emulaba a un Porche o a un Ferrari: una mula «arrastrando» un carrito de 2 ruedas de hierro (dato muy importante, por lo que sigue) que nos trasladó por todo el desfiladero. Un carrito de 2 personas… ¡y nos montamos 4! (y mi marido no es muy delgadito que digamos)
¡Doy fe de que aquella mula tuvo que emplearse a fondo!
Imaginad… cual sardinas en lata, clavándonos las asas de hierro laterales. Pero claro, ¡había que agarrarse a algo! Andrea sobre las piernas de su padre, tambaleándose a cada paso trotero.
¡En mi vida me había montado en una batidora tan potente! ¡Qué meneo pegaba aquello cada vez que las duras ruedas daban con las losas y baches del desfiladero! ¡Y el taxista venga a atizar al caballo!
¡Del ataque de risa de Andrea ni os cuento! ¡No dábamos abasto entre risas y gritos de socorro! Milagrosamente no salimos despedidos de aquella carreta. ¡Creí que nunca lo contaría!

Llegamos sanos y a salvo, sí… eso creo.
A la entrada del desfiladero, unos hermosos caballos esperaban ser alquilados para llevarnos al hotel. Me negué a seguir batiendo mi maltrecho cuerpo sobre un animal de 4 patas, ¡ni hablar!
Y eso que uno de los chavales llegó a ofertar gratis el viajecito. ¡Que no, que no me subo a uno de esos sudados caballos!
Nunca antes en mi vida me había arrepentido tanto por esa pésima decisión.
Unos 3 kilómetros más o menos hasta el hotel. Bueno no, ¡qué digo!, ¡eran 3 larguíiisimos kilómetros! ¡Parecía que los habían estirado cual chicle o que habían empujao el hotel más «pallá»!
Bajo aquel sol abrasador de las 4 de la tarde, ¡qué barbaridad, qué inconscientes!
Así pues, los 3 solitarios caminamos y caminamos, arrastrando nuestros doloridos pies por aquel sendero a través de un desierto abrasador (¡que no exagero!, creedme). ¡Y sin una gota de agua a mano! Hasta nos pareció ver una sombrita junto a una roca… allí a lo lejos.
Y allá que vamos todo lo deprisa que nos dejaba el cansancio, y al llegar… la sombra no medía más de 2 malditos centímetros en el suelo. Espejismo, ¡sufrimos un puñetero espejismo!
Me adelanté a mi marido y a Andrea, a mi ritmo. No podía parar, so riesgo de caer redonda si caminaba despacio.
Llegué al hotel, congestionada a tope, con una pedazo insolación que no calificaré. Me asusté, la verdad.
¡El sombrero fue una mera anécdota de adorno! Eso sí, empapaito en sudor. Mi cara era un poema a rosetones coloraos.
Me pongo bajo un aire acondicionado que parecía más una calefacción. Paciencia.
En cuanto me recupero un poco, voy al bar a por un botellín de agua fresca, pensando que la nena y su padre estarían en las últimas por aquel desierto.
Salgo escopetada en su busca. Y al poco me los encuentro de frente, partidos de risa. ¡Asfixiados, pero a carcajada limpia, los dos gamberretes!
Se habían topado con un árabe, al que habían enseñado a desplegar y replegar el abanico de Andrea. Ni idea cómo se entendieron, pero tanto el árabe como ellos se lo habían pasado en grande, todos bien entretenidos y yo ¡apurada en proporcionarles agua fresca…!
Juanma ni se sabe… apareció junto al resto del grupo al cabo de las horas.
Lo que es la juventud… ¡cachis en la mar!
A partir de ahí, descanso y más descanso hasta el día siguiente. ¡Bien ganado y merecido!
Sigo
De vuelta a Israel.
Me salto nuestra odisea por el paso fronterizo hacia Israel. Mejor será. No quiero recordar ni relatar el susto…
Jericó. Estado Palestino.
Es un precioso oasis. Entrada a la ciudad:

En esta ocasión me negué a ver unas ruinas romanas después de comer, so pena de agarrarme la tercera insolación y consecuentemente, la congestión y alucinación de turno.
Me quedé en el autobús. Salí una vez, allí al lado había unas fuentes en cascada para así refrescarme y hete aquí que el agua que de ellas manaba estaba… caliente, ¡muy calientee! ¡Qué chocante!
Nada extraño, teniendo en cuenta que hacía más de 50ºC.
Aun así me empapé en agua, que más parecía una ducha de agua calentita.
El bus pegadito a las fuentes y para cuando llegué allí ya estaba casi seca, y eso que corrí para no quemarme bajo el sol.
Mi gozo en un pozo.

Monte de las Tentaciones, junto a Jericó:

De Jericó a Jerusalén, todo un desierto, una media hora de camino:

Jerusalén
Vista de la ciudad, en el centro el Domo de la Roca.
¡Emocionante todo Jerusalén!

Visita a una maqueta que reproduce Jerusalén en la época de Jesús:

El primer templo de Jerusalén, que más tarde sería destruido:

Otra panorámica de la ciudad.
La flecha roja marca el lugar del muro de las Lamentaciones, que días más tarde visitamos:

Belén. Estado Palestino.
Iglesia de la Natividad. Más emoción.

Interior de la Iglesia:

Interior de la Iglesia:

Entrada a la cueva donde nació Jesús:

Escaleras que bajan a la cueva:

Interior de la cueva del nacimiento de Jesús:

Lugar donde nació Jesús, indicado con una estrella de plata, regalo de Felipe II:

Pesebre de Jesús:

A las afueras de Belén se encuentra la cueva donde el ángel anunció a los pastores el nacimiento de Jesús:

De vuelta en Jerusalén. Visita nocturna. Ruinas romanas intramuros en una de las calles de Jerusalén:

Otra de las calles de la zona antigua:

Muro de las Lamentaciones:

Colocando mi papelito escrito en una ranura del muro. Es secreto.

Capilla de la Ascensión de Jesús:

Interior y lugar de la Ascensión de Jesús:

Iglesia del Pater Noster:

Entrada a la cueva donde Jesús se reunía con los Apóstoles:

Interior de la cueva, donde Jesús rezó por primera vez el Padre Nuestro:

Exterior de la Iglesia: el Padre Nuestro en arameo y en hebreo:

En todos los muros del claustro y jardines de la Iglesia, se puede leer el Padre Nuestro en todos los idiomas y dialectos del mundo.
Estos son unos cuantos:
Iglesia de Dominus Flevit o Lacrima Christi. Lugar donde Jesús lloró por Jerusalén.

Vista panorámica de Jerusalén, desde Dominus Flevit:

Vista de Jerusalén:

Cementerio judío:

Entrada al huerto de Getsemaní:

Huerto o monte de los olivos:

Uno de los olivos, de más de 2.000 años de antigüedad, comprobado científicamente. Los troncos eran de gran envergadura, ¡impresionantes!

Junto al Monte de los Olivos, está la Iglesia de la Agonía o de las Naciones:

Interior de la Iglesia. Junto al altar, la roca donde Jesús se retiraba a orar.

Un paseo por las calles de Jerusalén. Restos arqueológicos de la ciudad romana. Se puede apreciar claramente el desnivel de la antigua calzada y ubicación de las construcciones en piedra, en un nivel mucho más bajo que el actual.

Capilla de la Condena. Desde aquí comienza el Via Crucis que realizamos todos por la Via Dolorosa:

Aquí, algunas de las Estaciones de la Via Dolorosa:
III Estación. 1ª caída de Jesús:

V Estación. Simón el Cireneo cargó con la cruz de Jesús:

VI Estación. La Verónica limpia el rostro de Jesús:

Columna de piedra de la VI Estación, con una inscripción que hace referencia a la Verónica.

VII Estación. 2ª caída de Jesús:

VIII Estación. Jesús habla a las mujeres de Jerusalén:

IX Estación. Junto a la Iglesia Copta de Santa Elena:

Columna marcada con una cruz, donde tuvo lugar la 3ª caída de Jesús:

Nuestro Via Crucis:

Juanma y Andrea en Via Crucis:

Iglesia del Santo Sepulcro. Se encuentra construida sobre el Monte Gólgota, (es decir, el Monte Gólgota se encuentra dentro de la Iglesia), donde tuvo lugar la crucifixión de Jesús, y donde posteriormente fue colocado su cuerpo en el Santo Sepulcro.
Aquí se encuentran de la X a la XIV Estaciones.
X Estación. Jesús es despojado de sus vestiduras en este lugar:

Hay 3 lugares dentro de esta Iglesia, que cronológicamente son:
- Lugar de la Crucifixión.
- Lápida de unción.
- Santo Sepulcro.
Aunque nosotros no seguimos ese orden en nuestra visita. Interior Iglesia. Edículo del Santo Sepulcro, una pequeña capilla dentro de la Iglesia que contiene la lápida donde Jesús resucitó.
Este es el sitio más sagrado de nuestra Cristiandad.

Interior del Santo Sepulcro.
XIV Estación. Jesús es colocado en el Sepulcro.
Lápida de mármol, de la tumba:

Subiendo unas estrechas escaleras de la Iglesia, accedemos al Monte Gólgota.
XI Estación. Jesús es clavado en la cruz:

XII Estación. Jesús muere en la cruz.
Lugar exacto donde estuvo la cruz de Jesús, bajo el Crucifijo que se ve en la foto:

Bajo el Crucifijo, un pequeño altar marca el lugar exacto donde estuvo ubicada la cruz de Jesús:

Otra pregunta: ¿quiénes fueron las tres Marías que acompañaron a Jesús crucificado?
Una de ellas es obvio, la segunda, seguro lo sabéis. ¿Y la tercera María, quién fue?
Lápida de unción:

Vista de una parte del Templo:

Iglesia de la Visitación de María a Isabel. Se encuentra a las afueras de Jerusalén, en una montaña.

Interior de la Iglesia de la Visitación, planta baja, donde se encuentra la gruta con pozo, donde vivían Santa Isabel y San Zacarías, padres de San Juan Bautista:

Muy cerquita de la Iglesia de la Visitación se encuentra la Iglesia de San Juan Bautista:

Interior de la Iglesia, cueva donde nació San Juan:

Iglesia de la Dormición de María:

A continuación visitamos el Cenáculo, donde tuvo lugar la Última Cena. Es propiedad de los judíos.
El lugar exacto se encuentra bajo esta sala, que no se puede acceder debido a que es una propiedad privada.

Casa de Caifás y prisión pública donde Jesús estuvo arrestado:

Bóveda con orificio, de la cueva donde estuvo recluido Jesús. A la derecha se encuentra el doble ventanal que se ve en la foto de más abajo, y que era la entrada original a la cueva. Actualmente se accede a ella por unas escaleras modernas.
Dicho orificio, visto desde la parte superior (casa de Caifás), lleva grabadas 3 cruces bizantinas en su contorno. Así como numerosas cruces en las paredes del interior de la cueva y una figura orante en la pared inferior, según dice un mosaico a la entrada. A la derecha, ventana de acceso a otros calabozos subterráneos.
Es en esta cueva donde Jesús fue recluido, aguardando el juicio de Caifás y del Sanedrín.

Texto aclaratorio sobre este lugar:

Traducción libre del texto:
«Cuando estas cuevas subterráneas fueron descubiertas de nuevo en 1889, y por sus características físicas, su proximidad al palacio de Caifás, y su contigüidad al hoyo sagrado (mazmorras y calabozos), todo ello sugirió que fue la cárcel pública, donde según una tradición de Jerusalén del siglo IV (no registrada en los Evangelios), Jesús habría sido azotado, no sólo por Pilatos sino también por Caifás, y así mismo, donde los Apóstoles Pedro y Juan habrían sido atrapados y azotados por predicar el Nombre de Jesús en el área del templo, después de la Resurrección.
Ayudado por el contexto, la tradición cristiana recuerda aquí algunos de los dolorosos sufrimientos padecidos por Jesús durante su Pasión, (independientemente de dónde se llevó a cabo), así como los padecidos por los Apóstoles, los primeros creyentes en su Nombre»
Entrada original al calabozo, que más arriba mostré. Al fondo las escaleras de acceso actuales:

Masada.
Ciudad romana en lo alto de una montaña, muy cerquita del Mar Muerto.
A la derecha de la montaña, el caminito en zig-zag, de subida a las ruinas, para los fuertes y valientes.
Nosotros, subida en teleférico:

Vista del acceso a la ciudad romana, al fondo se ve el Mar Muerto:

Maqueta de la ciudad romana:

Vista de las ruinas:

¿Qué es un columbario? Aquí tenéis uno romano:

Un descansito con vistas:

Restos de unos baños romanos y frescos en paredes:

A continuación bajamos al Mar Muerto, donde flotas sin quererlo.
Andrea disfrutando de un baño muuuuuy calentito. Muy valiente, la verdad. ¡Aparte de que está guapísima ahí!
Efectivamente, ¡el agua estaba muy caliente!

Las orillas del lago son sedimentos de sal, una buena capa de sal dura, durísima, con picos de cristales de sal.
Si os animáis a ir, debéis llevar chanclas durante todo el baño.
Como buena cobarde, sólo fui capaz de arremangar mis pantalones y ¡alaaaa, para adentro!
¡Vaya calor!

Hasta aquí este maravilloso viaje, que espero lo hayáis disfrutado tanto como yo, recordándolo durante los días que he terminado en presentarlo.
Salvo alguna corrección que haga más tarde, este es todo el resumen.
A mi querido grupo viajero: si en algo me he equivocado, u omitido, por favor me lo comentáis para corregirlo.
¡Magníficos recuerdos para toda la vida!
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